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  Félix Peña

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  Diario El Cronista | 4 de agosto de 2011
Aportes para un necesario debate sobre el futuro de la OMC

Las dificultades para concluir las negociaciones de la Rueda Doha están abriendo un saludable debate sobre el futuro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y sus funciones en el comercio internacional. Es un debate que no podría estar ausente de su Octava Conferencia Ministerial, a realizarse en Ginebra en diciembre próximo. Tampoco podría estarlo de la Cumbre del G20 que tendrá lugar semanas antes en Cannes. En ambas oportunidades, Argentina y Brasil podrían incidir con sus propuestas en el eventual rescate de la Rueda Doha y en el diseño de una nueva etapa de la OMC. Lo razonable es esperar que coordinen antes sus posiciones y que, en lo posible, puedan también reflejar los puntos de vista del Mercosur y de la región sudamericana.

Tres preguntas podrían ser parte de la agenda de este debate. No son las únicas posibles y cada una puede ser objeto de múltiples desdoblamientos. Son las que estuvieron presentes este 7 de julio en la reunión de un grupo de trabajo del Evian Group en Lausanne: ¿cómo sería posible evitar el colapso definitivo de la Rueda Doha, aunque sea concluyéndola en una versión menos ambiciosa que la prevista originalmente? Si ello no fuera factible ¿cómo podría preservarse a la OMC del eventual impacto negativo que tal colapso tendría sobre su eficacia, credibilidad y relevancia? Y aún en el caso que la Rueda Doha fuera rescatable ¿cómo se podría concentrar energía política e imaginación técnica en el diseño de una nueva etapa de la OMC, que permita capitalizar las experiencias acumuladas en estos últimos diez años, fortalecerla en sus funciones esenciales, e innovar en su agenda de cuestiones prioritarias, en sus métodos de trabajo y en sus modalidades negociadoras?

Al procurar respuestas a esas preguntas conviene que en ese debate se tomen en cuenta tres datos sobre la OMC. El primero es que en la actualidad se inserta en una realidad mundial distinta a la que le diera origen en 1994. Desplazamientos de poder relativo entre los países y protagonismo asertivo de economías emergentes y re-emergentes -tal los casos de China e India-; creciente relevancia de las múltiples modalidades de redes internacionales de producción -que se refleja en el concepto “hecho en el mundo”-, y proliferación de acuerdos comerciales preferenciales -unos 300 según el Informe sobre el Comercio Mundial 2011, recién publicado en Ginebra-, son algunos hechos que ilustran sobre un nuevo contexto. Todo indica que éstos y sus efectos se acentuarán en los próximos años. El segundo dato se relaciona con la vigencia y relevancia de algunas de las funciones esenciales de la OMC, que conviene fortalecer. Son las de crear reglas que permitan lograr un grado razonable de disciplinas colectivas en las políticas comerciales de los países miembros; un ámbito para encausar distintas modalidades de negociaciones comerciales internacionales -globales, plurilaterales, sectoriales, preferenciales-, y un mecanismo eficiente de solución de controversias originadas en la aplicación de sus reglas. Y el tercero, es que desde su creación ha acumulado experiencias, incluso con la Rueda Doha, que son útiles -tanto sus aspectos positivos como negativos- para apreciar la eficacia potencial de diferentes mecanismos e instrumentos orientados al crecimiento del comercio mundial y a acentuar su impacto en el desarrollo económico sustentable de sus países miembros, en especial los menos avanzados.

Más que de un debate limitado a los medios diplomáticos de Ginebra y de las respectivas capitales, e incluso al plano académico, la respuesta a tales preguntas debería surgir también de la participación en cada uno de los países miembros de la OMC de los múltiples protagonistas con intereses creados en las relaciones comerciales internacionales, gubernamentales o no gubernamentales.

Podría ser un debate en el que las modernas tecnologías de la información permitieran, si así se procurara, una participación amplia de todos los interesados.

Ello se lograría en la medida en que ella sea valorada y facilitada al menos por los principales miembros de la OMC. Incluso se abriría, en tal caso, el camino para avanzar hacia una OMC 2.0. Se puede aprovechar al respecto el potencial que brinda la nueva e inteligente versión de la página Web de la organización.


Félix Peña es Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group. Ampliar trayectoria.

http://www.felixpena.com.ar | info@felixpena.com.ar


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