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  Félix Peña

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  Diario El Cronista | 2 de marzo de 2011
El Mercosur, veinte años después

Este mes el Mercosur cumple veinte años. Es una oportunidad para reflexionar sobre su futuro a la luz de la experiencia acumulada. Tres consideraciones son relevantes al respecto.

La primera tiene que ver con cambios profundos de circunstancias y necesidades, producidos desde que el 26 de marzo de 1991 se firmó el Tratado de Asunción. Al principio de los noventa las circunstancias resultaban, entre otros factores, de los múltiples impactos del fin de la Guerra Fría; de la iniciativa de EEUU de impulsar un área hemisférica de libre comercio, y del relativo estancamiento en la metodología de integración bilateral entre Argentina y Brasil. Las principales necesidades eran: competir con países de Europa del Este en la atracción de inversiones productivas; reunir masa crítica negociadora para encarar la decisión americana de tener una fuerte presencia comercial en América del Sur, y profundizar la alianza estratégica enhebrada por Alfonsín y Sarney. Son circunstancias y necesidades que hay que visualizarlas, además, en la perspectiva del complejo cuadro político y económico interno que caracterizaba entonces a la Argentina y al Brasil.

Hoy circunstancias y necesidades son diferentes. El mundo es más multipolar y todos los países -incluyendo los del Mercosur, cualquiera que sea su dimensión económica- tienen diversas opciones para insertarse en la competencia económica global. El foco de atención no cruza más sólo por Washington o algunas capitales europeas. Los desplazamientos del poder económico relativo entre las naciones y el creciente protagonismo de países asiáticos en el comercio mundial y en las inversiones internacionales, abren un escenario de fuertes oportunidades, pero también de desafíos para los países del Mercosur. Tienen -entre muchos otros factores que los tornan atractivos- un enorme potencial para la producción de alimentos, incluso los ?inteligentes? y ?verdes?. Las necesidades actuales cruzan por aprovechar tales oportunidades, enhebrando un tejido de alianzas cruzadas y de geometría variable con todos los países posibles, y desarrollando redes de producción y comercialización de alcance tanto global como regional.

La segunda consideración es sobre la validez de la idea estratégica que impulsa la construcción del Mercosur. Se asienta en el núcleo duro de una relación bilateral de calidad entre Argentina y Brasil. Está basada en la confianza recíproca, con especial énfasis en la cooperación nuclear. No tiene un alcance exclusivo ni excluyente, pero sí una proyección sudamericana. Implica preferencias económicas previsibles que incentiven una integración productiva de ganancias mutuas, y un tejido de todo tipo de redes sociales transfronterizas que, por su densidad, generen solidaridades de hecho difíciles de desatar. Es una idea estratégica que, en su esencia, sigue teniendo validez en los gobiernos y en la ciudadanía. O que, al menos, refleja conciencia sobre la carencia de estrategias alternativas factibles entre naciones que comparten un mismo espacio geográfico regional, en especial teniendo en cuenta los posibles costos políticos.

Y la tercera consideración se refiere a la metodología del trabajo conjunto entre los países socios. Es mucho lo que se ha aprendido en los años pasados sobre cómo cooperar en distintos planos. Los resultados no son pocos. Conviene ahora capitalizar experiencias y activos acumulados. El stock de preferencias comerciales y las redes de intereses cruzados no son un dato a subestimar. El sector automotriz es solo un ejemplo.

Hacia adelante tres aspectos metodológicos son relevantes. El primero es liberarse de fórmulas rígidas inspiradas en elaboraciones teóricas o en modelos de otras regiones. En la construcción gradual de la unión aduanera, lo principal a tener en cuenta son las reglas de la OMC y los respectivos intereses nacionales. El segundo es privilegiar la idea de pocas reglas que efectivamente se cumplan, dotadas de flexibilidad suficiente para su adaptación a cambios en las realidades. Y el tercero, es fortalecer mecanismos de decisión que permitan alcanzar compromisos reales de integración productiva, encarar con eficacia y pragmatismo las negociaciones con terceros países, y abordar los múltiples efectos sociales de los compromisos de integración.


Félix Peña es Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group. Ampliar trayectoria.

http://www.felixpena.com.ar | info@felixpena.com.ar


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